Otro
día más en esta linda institución, otro día donde me encuentro en las sillas de
atrás del caluroso salón, los niños ya se acostumbraron a ver a esas personas
de atrás que solo cumplen con la labor de observar, y en espacios libres establecer
una amena conversación.
Me
llama la atención una señora de aproximadamente 60 años, todos los días a las
12:45 entra al salón se sienta en las sillas delanteras y como una alumna más
recibe las clases establecidas por los docentes.
Ella
tiene una misión importante en el salón, puesto que es la encargada de ayudar a
su nieto Kevin, el cual tiene una dificulta que le impide realizar bien acciones locomotrices.
Como
una estudiante más en el aula espera a los docentes y toma postura correcta
para recibir las clases, los niños la ven como una compañera más, los docentes
la hacen sentir como otra alumna, con su forma de ser, toma un ambiente de alegría
cada tarde en el aula de clase.
Doña chava se siente feliz acompañando a su
nieto, pero también estableciendo vínculos de amistad con los 40 niños del
aula, sin olvidar que también adquiere retroalimentación de conocimientos cada
vez que el docente empieza con un nuevo tema.
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